El estadounidense Alexander Graham Bell no fue el inventor del teléfono, sino que ¡¡¡robó!!! la idea al científico italiano Antonio Meucci, como han mantenido los libros de texto en Italia y como acaba de reconocer el Congreso de Estados Unidos un siglo después de su muerte.

Meucci, un inmigrante originario de Florencia y de escasos recursos económicos, había descubierto hacia 1860 que la transformación de las vibraciones sonoras en impulsos eléctricos permitía transmitir la voz a distancia a través de un cable. Tras desarrollar experimentos en La Habana (donde trabajó de tramoyista y curaba enfermedades reumáticas con descargas eléctricas), depositó en 1871 en Nueva York una demanda de patente de su invento, el "teletrófono".

Este documento no lo renovó dos años después al carecer de los diez dólares necesarios para ello. En 1874 decidió presentar su prototipo a la poderosa compañía de telégrafos Western Union, que en principio no pareció muy interesada, llegando a afirmar que había perdido el dossier ante las insistentes demandas de una respuesta por parte del italiano.

Dos años más tarde, Meucci leía con estupor los titulares de la prensa que celebraban la "invención" del teléfono por el investigador de origen escocés Graham Bell, patrocinado por la Western Union.

En ese momento inició una larga batalla legal con la poderosa compañía y aunque en 1887 un tribunal de Nueva York le dio la razón, no pudo reclamar parte de los beneficios económicos del invento ya que su demanda de patente había caducado muchos años antes. Meucci falleció pobre y amargado en 1889, sin que sus contemporáneos le reconocieran la paternidad de un artilugio que supuso una revolución en el mundo de las comunicaciones.

Pero han sido ahora las autoridades del país que lo trató de forma tan ingrata las que han decidido restituir su figura, gracias en parte a una campaña de la influyente comunidad italo-estadounidense, encabezada por el diputado Vito Fossella y apoyada por los responsables del pequeño museo "Garibaldi-Meucci", situado en la neoyorquina Staten Island, y que recoge la obra del inventor.

En una larga declaración, los congresistas estadounidenses admiten que de haber contado con aquellos diez dólares "Bell no hubiera podido patentar el invento del teléfono como suyo" y que la muerte de Meucci hizo que se olvidase el proceso legal que había iniciado contra la Western Union por lo que concluye señalando su aportación a una invención capital para toda la humanidad.

Estas declaraciones fueron muy bien recibidas y celebradas por la comunidad italiana. "El teléfono lo inventó él, pero no tuvo suerte", declaró la directora del museo "Garibaldi-Meucci", Emily Gear, para quien la odisea del florentino, arribado a Estados Unidos lleno de iniciativas pero sin dinero y sin conocer el idioma, recoge el drama de tantos inmigrantes "marginados y condenados al fracaso".

El ex primer ministro italiano Bettino Craxi ya había tratado de intervenir durante la década de los años 80 ante el Gobierno de Washington para que se "hiciera justicia" a Meucci, teniendo en cuenta que el inventor había acogido unos meses en su casa a Giuseppe Garibaldi, héroe de la independencia italiana.

Fuente: universoe.com

 
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