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Historia de un descubrimiento
físico
Orlando Ramírez
En el año 88 del siglo
pasado (año de las eliminatorias del mundial de futbol)
mi experiencia docente se enriquece al ir a trabajar al Centro
Preuniversitario de una conocida universidad particular de clase
media.
Para mi fue un cambio radical
ya que pasaba de enseñar de una populosa pero tugurizada
Academia Preuniversitaria ubicada en el centro de nuestra ciudad
capital, caracterizada por su elevado nivel académico,
a enseñar en el Centro Preuniversitario de una universidad
particular ubicado en el corazón del turístico distrito
de Miraflores, con todas las implicancias que esto tiene.
Por aquel entonces Yo era un
joven e impetuoso profesor de Física que me caracterizaba
por la rigurosidad en que exponía los conceptos físicos
a mis alumnos y sobretodo por la habilidad que tenía para
proponer problemas físicos de una relativa complejidad.
Para mi fue un cambio bastante
radical en el nivel académico que estaba acostumbrado hasta
ese entonces.
En ese momento era relativamente
nuevo que una universidad tenga su propio centro pre-universitario
que ofrece acceso directo a la universidad a través de
un riguroso proceso de selección.
Se me asignaron las aulas de Ingeniería de dicho Centro
Pre (Electrónica y Civil) que se suponía se encontraban
los alumnos más predispuestos a las matemáticas
y a las ciencias.
En todo centro preuniversitario
se hacen evaluaciones periódicas que al final determinan
los alumnos que ingresan directamente a la universidad y en todo
salón de clases hay alumnos que uno recuerda por su talento,
su hiperactividad o su indisciplina y aquí no era la excepción.
El protagonista de esta historia
es uno de los alumnos que tuve en el aula de ingeniería
electrónica de dicho centro preuniversitario, que en esta
historia vamos a llamarlo Ricardo. Ricardo era uno de esos típicos
alumnos de clase media, desenfadados, chacoteros y preocupados
en cualquier cosa menos en los estudios. Usualmente se sentaba
en la última fila y no tomaba apuntes de las clases que
se impartían.
En una oportunidad, cuando
faltaban algunas semanas para que acabe el ciclo, y en plena clase,
observé una aglomeración de alumnos fuera de lo
normal en la última fila del aula de clases, en las inmediaciones
de la carpeta de Ricardo. Ese día jugaba Brasil y Ricardo,
que no había querido perderse el partido, había
llevado un minúsculo televisor a clases.
El sabía que eso era
una falta grave y que tenía que proceder a decomisarlo
y reportar el hecho a la dirección de estudios. Le pedí
que me acompañe a la dirección y en primera instancia,
él, asumiendo una actitud desafiante, me manifiesta que
no tenía ningún problema en ir conmigo a la dirección.
En el corto trayecto hacia
la dirección no mostró ningún arrepentimiento
por la falta cometida, sin embargo cuando llegamos a la oficina
de la directora, y viendo mi determinación de reportar
este acto de indisciplina, cambió súbitamente de
actitud y me solicitó humildemente que le de una oportunidad.
Obviamente se había dado cuenta que esto le acarrearía
problemas mayores.
En vista de este cambio de
actitud y la sinceridad con que me habló le puse una serie
de condiciones: primero, que no vuelva a traer ningún
aparato electrónico a clases (en ese tiempo aún
no había irrumpido en el mercado los ahora famosos celulares);
segundo, que a partir de ese momento no se siente en
la ultima fila del aula de clases (ya se imaginan donde le recomendé
que se siente ¿no?); y, finalmente, que ponga más
empeño en lo que quedaba del ciclo. Faltaban pocas semanas
para que acabe el ciclo académico en la Pre.
En las últimas semanas
la mayoría de alumnos se esmeran por mejorar las notas
que poseen y usualmente los profesores aprovechan esta oportunidad
para exigir más a sus alumnos de tal forma que estos eleven
sus promedios y de esta manera tengan más chance para el
ingreso directo.
Fue estas circunstancias que
Ricardo se me acerca a pedirme una oportunidad para aumentar las
notas que tenía en mi curso. Pero sus notas no podían
ser peores (no había dado varios tests de evaluación
y las pocas notas que tenía eran nada alentadoras). Era
obvio que la chance para obtener el ingreso directo a través
de la Pre era para él literalmente nula.
En ese contexto pPlanteo a
mis alumnos un problema de movimiento parabólico, propuesto
originalmente en el curso de Física Básica del 1er
ciclo de la Universidad Católica, considerado difícil
por su operatividad algebraica para llegar a la solución.
El problema que les enuncié
fue el siguiente:
Para resolver este problema
se deben plantear, conociendo las propiedades del movimiento parabólico
de caída libre, un sistema de 4 ecuaciones con cuatro variables
y posteriormente resolverlas.
Lo curioso del caso es que
Ricardo me dio la respuesta en un santiamén adelantándose
a sus compañeros más destacados del aula. Me causó
bastante sorpresa que haya obtenido la respuesta correcta en tan
poco tiempo (q
= 37o).
Al preguntarle como había
llegado a la solución del problema me manifestó
que era un problema bastante simple. Su razonamiento fue el siguiente:
| Como
la partícula A se mueve a lo largo de la recta L1
y la partícula B se mueve a lo largo de la recta
L2 (ver figura), estos chocarán en el
punto M. Por tanto, recordando triángulos notables,
se deduce que el ángulo q
es de 37o.
Efectivamente:
D AMN : __MN=3L
D BMN : __MN=BN.Tg
q___=>__3L
= 4L.Tg q
D
BMN : DDDD
BMN : BM__q
= 37o |
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En ese momento para mi era
obvio que había llegado a la respuesta correcta siguiendo
un camino erróneo. A veces se dan estas circunstancias.
Le manifesté que ese
procedimiento era incorrecto porque las partículas no se
mueven en línea recta sino que siguen una trayectoria curvilínea
denominada parábola hasta que chocan en el punto P. Le
recalqué el hecho que estas chocan en el punto P y no en
el punto M y que había llegado a la respuesta correcta
por mera casualidad. Pero él me replico que había
llegado a la respuesta correcta y eso era lo que valía
a la hora de un examen y por tanto se merecía un aumento
de su nota de su última práctica calificada, que
es lo que había prometido a los alumnos que resolvieran
el problema.
Como prueba que su procedimiento
era erróneo le propuse que resuelva otro problema similar.
Para mi era obvio que con su “método” ya no
llegaría a la respuesta correcta.
El problema que le plantee
a continuación fue el siguiente:
No pasó mucho
tiempo y él me llamó y su asiento. Yo hasta ese
momento estaba tan convencido que su procedimiento era incorrecto
que cuando me acerqué y vi que su respuesta (Tg-1(8))
era la correcta (aplicando el mismo método solución),
me quede petrificado.
Como era posible que nuevamente
llegué a la respuesta correcta utilizando un razonamiento
aparen-temente erróneo. ¿O quizás tendría
sentido lo que estaba haciendo? ¿Y él era conciente
de eso?. Esto me causó una profunda impresión.
Ya en mi casa compruebo que
en todos los casos en donde dos cuerpos al ser lanzados simultáneamente
al campo de la gravedad chocan en el aire, después de moverse
libremente, se pueden aplicar este procedimiento de resolución.
Entonces, había que
explicar la validez de este procedimiento con los principios físicos
universalmente aceptados.
| Luego
de un análisis acucioso del fenómeno llegó
a la conclusión que si
dos cuerpos que se mueven parabólicamente chocan
en el aire, también chocarán en ausencia de
gravedad. Esto explica la validez de este procedimiento
de solución.
Este procedimiento es válido en
todos los casos, incluso en el caso de que un cuerpo es
lanzado parabólicamente y el otro es soltado (en
este caso, la dirección de la velocidad de lanzamiento
de uno de ellos debe apuntar hacia la posición inicial
del cuerpo que se suelta). La única condición
es que estos partan simultáneamente y que al final
choquen en el aire. |
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Lo anecdótico de esto
es que mi alumno nunca se enteró que había descubierto,
sin proponerselo, un método de solución bastante
simple para este tipo de problemas de movimiento parabólico,
ya que no asistió al centro preuniversitario la última
semana de clases.
Después de tres lustros,
me gustaría que Ricardo sepa que contribuyó con
un pequeño granito de arena en el conocimiento de nuestro
basto mundo físico.
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