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Historia del Número
Agustín Martínez Menéndez.
Dr. en Física; Vpte. Soc. Madrileña de Profesores
de Matemáticas
Susa, a orillas del Éufrates,
año 3100 a.c. En el mercado, un tratante de ganado y un
comerciante en grano ultiman un trato. Tras el acuerdo, introducen
una serie de fichas de barro cocido en una bola de arcilla. Sellan
la bola, la entregan a un contador y observan cómo es cocida
en un horno y almacenada.
Hemos contemplado una de las
más antiguas experiencias relacionada con las matemáticas
de la que tenemos noticia: un reconocimiento de deuda. Las fichas
son distintas si se trata de trigo o de corderos, y los símbolos
impresos en ellas determinan la cantidad.
En esta etapa tan antigua de
la civilización, en la que la escritura apenas representa
la lengua hablada, ya se representaban números, pero muy
alejados del concepto moderno que hoy les damos. Tenían
un sentido simbólico e íntimamente ligado a las
magnitudes que representaban, no eran entidades independientes
y abstractas.
Volvamos a nuestro mercado
en Susa, pero unos 300 o 400 años después. Otros
comerciantes realizan sus transacciones, pero ya no utilizan bola
alguna, se limitan a marcar unos símbolos sobre una tablilla
de arcilla ¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Por
qué el cambio?
La explicación se debe
a uno de los dos o tres saltos conceptuales de mayor importancia
referidos al número.
Inicialmente los números
estaban ligados a una metrología; así 3 panes no
se escribían igual que 3 vacas, ni que 3 azumbres de vino.
Se usaban fichas y símbolos característicos de cada
categoría metrológica.
Pero en algún momento
entre el 2800 y el 2400 a.C. se dio el salto: el símbolo
de la cantidad (3), es independiente de lo que representa (panes,
vacas o vino), es decir, se pasa del número como entidad
concreta al número como objeto abstracto. Al desligar el
concepto de la magnitud representada, se pueden comenzar a estudiar
las propiedades del número como tal, lo que luego llamaremos
aritmética.
A medida que las sociedades
progresan, la necesidad de intercambiar información crece,
y cada vez los números que se manejan son más grandes.
Llega un momento en el que está claro que ya no se puede
dar un nombre diferente a cada número nuevo y que es necesario
usar una cantidad de símbolos distintos lo más pequeña
posible para la representación numérica. Es decir,
es necesario diseñar un sistema de numeración, con
una base, unas cifras y una forma específica de escribir
los números
La mayoría de los sistemas
de numeración han usado la base 10, quizá por los
dedos de las manos, pero los ha habido de base 20 como los de
los mayas, de base 5 en tribus de Oceanía o de base 12
o 60 en el caso de nuestros viejos amigos sumerios.
La mayoría de las culturas
han desarrollado símbolos propios para los números.
Los egipcios en sus jeroglíficos, los trazos cuneiformes
de los sumerios o los grabados en piedra mayas nos dan ejemplos
abundantes al respecto. Así los griegos y los romanos usaron
formas arcaicas de las letras de sus alfabetos para representar
números significando en realidad poco más que una
representación simplificada de las cantidades asociadas.
La pregunta es ahora: ¿por
qué algunos sistemas han tenido éxito y otros no?.
Desde luego hay contestaciones basadas en el dominio ideológico,
en la aculturación, etc., pero desde nuestro punto de vista,
es más sencilla otra explicación.
Intentemos multiplicar MMCDXIII
por LCCVII. Posiblemente seremos incapaces de hacerlo sin recurrir
al sistema decimal como ayuda. Pero los romanos no tenían
a su disposición el sistema decimal, y no podían
tampoco efectuar ese producto.
Tanto el sistema romano de
numeración como el griego tenían una limitación
estructural fortísima: no eran posicionales en el sentido
actual del término. Para calcular se requería el
uso de ábacos, ya que con sus números no era posible
construir algoritmos formales de cálculo. Además,
no habían establecido el concepto de cero, y no disponían
por tanto de símbolo alguno para señalarlo.
¿Quiere esto decir que
hasta fechas recientes se ha ignorado la notación posicional?
No, ya hace mas de 2500 años los sumerios usaban un sistema
posicional de base 60, con dos cifras distintas; los chinos lo
desarrollaron hacia el siglo II a.c. en base 10 y los mayas en
los siglos VII y VIII de nuestra era en base 20. Pero ninguno
de ellos ha llegado a nuestros días.
Cada uno tenía limitaciones
propias, pero el problema fundamental de todos ellos era que no
poseían el concepto de cero en el sentido operacional del
término.
La solución definitiva
al problema se desarrolló en la India hacia el siglo VIII
d.c. Un sistema de numeración de base 10, con 10 símbolos
distintos para las cifras, incluyendo entre ellas el cero como
una más, dotado de sentido operacional. Este sistema fue
conocido por los árabes en el momento de su máxima
expansión, y fueron ellos los que lo trajeron a Occidente,
entrando en Europa por España hacia el siglo X u XI de
nuestra era.
En su época significó
una revolución difícilmente comprensible para nosotros
hoy día. El comercio y la industria estaban estructuradas
sobre el sistema romano de numeración y el uso del ábaco
para el cálculo. Pero el nuevo método indo-arábigo
de numeración permitía el desarrollo de algoritmos
para las operaciones que, con sólo un papel y un lápiz,
y el conocimiento de una serie de reglas sencillas, efectuaban
todas aquellas complicadísimas operaciones con gran facilidad.
El choque duró muchos
años, y el acta definitiva de defunción del método
antiguo aparece reflejada en el "Liber Abacci" publicado
por Fibonacci en 1202. A partir de este momento el desarrollo
del número y sus aplicaciones al cálculo fue trepidante,
alcanzando su culminación 400 años después
con el descubrimiento de los logaritmos, que posibilitaron el
desarrollo de instrumentos autónomos mecánicos de
calculo. Pero eso ya es otra historia.
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